Convertir cines abandonados en duelo público, donde palabras finales, ciudad y ruina revelan una crisis negada que exige mirar.
Por Diego Aponte Cabrera
La primera vez que leí “No me extrañen ni me lloren, hagan de cuenta que me fui de viaje y volveré. 14 años” en la marquesina del cine Tonallán ni siquiera pensé que sería parte de una obra artística. Recuerdo que estuve buscándole sentido un buen rato: ¿será una foto de alguna página de películas que sigo? ¿Es el título del último filme que se proyectó en ese cine? Era como un mal meme al que le estuviera buscando chiste. Y, como las demás obras de Margolles que he visto, me dejó lleno de una rara culpa y asombro después de leer la descripción de la publicación que hizo un foro de arte que sigo. Eran las últimas palabras de un adolescente plasmadas en la marquesina del ya mencionado cine abandonado de Guadalajara. Esa imagen pertenece a Recados póstumos (2006), una serie de cinco fotografías de Teresa Margolles.
| Tomada de Facebook por : @obrasdeartecomentadas |
Recados póstumos surge de una estadía de Margolles en Guadalajara, ciudad reconocida por su conservadurismo católico, en donde investigó los registros de la morgue local, que muestran que hay más de 400 suicidios en un año [1]. La cifra irónicamente contrasta con la imagen tradicional de una sociedad profundamente religiosa donde el suicidio ha sido históricamente un tema tabú, uno que ha contribuido a silenciar el problema y lo vuelve invisible tras una fachada de negación.
Es triste que poco caso merezca que, tan solo en 2006, México registró 4 suicidios, un promedio de 12 por día [2]. A pesar de que la tasa nacional era baja en comparación con otros países (aproximadamente 4 por cada 100,000 habitantes, frente a 10.1 de media mundial [2]), la tendencia iba en aumento en ciertas regiones, una de ellas Jalisco. Los especialistas identifican entre las causas principales los conflictos familiares o de pareja, problemas económicos, aislamiento social, así como trastornos de depresión y ansiedad crónicas, agravados por el estrés y la horrible naturaleza de la vida moderna [3].
En palabras de la propia Margolles, la morgue funciona como un “termómetro de la sociedad”, donde los cuerpos reflejan las realidades de la ciudad [1]. Así como en su natal Sinaloa las morgues se llenaban de víctimas de la violencia a consecuencia del narco (una realidad presente en todo el país pero con altos índices en su ciudad), en Guadalajara los numerosos suicidios de hombres, mujeres, niños y ancianos revelaban un patrón social inquietante en una comunidad con una identidad y cultura que niega y discrimina esta realidad [1].
Fruto de esta investigación forense y social, Margolles concibió Recados póstumos como una intervención urbana convertida luego en archivo visual. Recogió fragmentos de notas de despedida de personas que se quitaron la vida y las colocó con letras movibles en las marquesinas de varios cines antiguos y en desuso de la ciudad [1]. Cada fotografía de la serie registra una de estas marquesinas mortuorias, mostrando la frase póstuma en letras rojas sobre el fondo blanco del letrero, junto con la arquitectura decadente del cine. Lo que antaño fue cara de entretenimiento y emoción se vuelve soporte de una realidad cruda y preocupante.
Los mensajes varían en tono y contenido, pero todos estremecen por su autenticidad: “por la constante represión que recibo de mi familia 19 años” o “adiós te dice la fea, la asquerosa que siempre odiaste”, este último con un contraste interesante que muestra, a espaldas del Cine Estudiante, un pedazo de la parroquia El Expiatorio Eucarístico. En cada caso, aun sin tener un contexto explícito, la instalación nos obliga a imaginar en carne propia la tragedia personal detrás de esas palabras. La estética de las fotografías es sobria, con luz natural y encuadres frontales que incluyen parte de la fachada y el entorno urbano con cielos abiertos. No hay personas presentes; y la arquitectura funge como testigo silencioso.
El impacto de la pieza reside en cómo revela el dolor y sufrimiento oculto en la vida diaria. En este caso solo nos toca ver palabras, pero cada palabra sangra una historia. Los suicidios expuestos en las marquesinas hablan de violencia estructural y silencios que convierten a la sociedad en cómplice, con solo pensar en las notas del joven de 14 años y la de 19 años, que insinúan una soledad y desesperanza intolerables.
Margolles convierte espacios públicos de entretenimiento en escenarios de duelo colectivo, donde el cine abandonado funciona como una metáfora de la evasión cultural que exhibe ahora historias reales que normalmente se ocultan o trivializan. La obra nos confronta con aquello que preferimos no ver ni sentir: el sufrimiento anónimo que sucede puertas adentro y que rara vez alcanza titulares. Al situar esas últimas palabras en la vía pública, la artista nos obliga a asumir la posición incómoda de ser testigos directos de la tragedia en vez de espectadores pasivos. Como señala el arquitecto Eyal Weizman, “hoy todos son espectadores, pero testigos tan solo lo son unos pocos” [1].
Margolles logra que cualquiera que lea esas carteleras se transforme en uno de esos pocos testigos, al menos por un instante. La combinación de arquitectura, texto y espacio público funciona aquí a modo de tridimensionalidad del testimonio: la edificación en ruinas aporta contexto histórico y fisicalidad, las palabras aportan las voces de los ausentes, y el espacio urbano las inscribe en la realidad compartida de la ciudad.
¿Quién dio permiso para hacer públicas esas últimas palabras? Surge así la problemática moral de utilizar mensajes íntimos de personas fallecidas. Este límite ético planea sobre la obra y forma parte de su tensión. Sin embargo, Margolles presenta los mensajes sin sensacionalismo ni ornamento que trivialice el dolor, exponiéndolos con frialdad casi burocrática que acentúa su carga humana y evita toda idealización del suicidio o la violencia al no embellecerla ni moralizarla; el público debe enfrentar el contenido y reflexione por lo que es, una crisis.
Referencias:
[1] AMEXICA
https://www.amexica.me/teresa-margollesLinks to an external site.Links to an external site.
[2] México - Suicidios 2006 | Datosmacro.com
[3] Jalisco es la entidad con la segunda tasa de suicidios más alta de México
https://www.iteso.mx/web/general/detalle?group_id=4244882